LA ANTIGUA FÁBRICA DE PEÑAFLOR. PROPUESTA DE UN HOTEL-BALNEARIO PARA SU REACTIVACIÓN

Por: Ezequiel Ríos Jiménez

“La catedral de la Vega”

Al llegar a Peñaflor, destaca, aún más si lo hacemos en tren, la presencia de lo que hoy nos queda de una antigua fábrica de harinas, que en otro tiempo supuso el motor económico del municipio. Peñaflor, en el noreste de la provincia de Sevilla, justo en el límite con la de Córdoba, se sitúa en la margen derecha del Guadalquivir, donde también la fábrica encontró el lugar adecuado para aprovechar la fuerza del agua con la que alimentar su producción industrial.

La presencia dialogante de la antigua fábrica nos revela, en parte, el modelo económico de los municipios de la Vega del Guadalquivir, en el que las infraestructuras hidráulicas estuvieron al servicio de una industria competitiva y de una agricultura modernizada. El relieve llano del curso medio y bajo del río, junto con la naturaleza de los suelos y la bondad del clima de la comarca, permitió el desarrollo de una agricultura de cosechas tempranas y de altos rendimientos, y de una producción especializada en cultivos de regadío.

Con anterioridad al edificio cuyos restos hoy se mantienen en pie, existió en el mismo lugar otra fábrica de harinas, que fue construida en 1877 por los sobrinos de Román y Domingo de la Peña, con el nombre de “Sobrinos de Peña y Primo”, quienes con ello sumaron la producción de harinas a la tradicional actividad familiar, dedicada a la importación de maderas desde América. Los propietarios, construida la fábrica, ubicaron su residencia en la planta alta de aquel edificio con la obvia intención de distanciarse de la actividad fabril de los niveles inferiores, pero al mismo tiempo, y muy posiblemente, llevados por la riqueza del entorno natural de la Vega. De esta manera, las ventanas de la planta alta permitirían incorporar a la vivienda el paisaje que las fotografías nos describen desde el nivel superior de la fábrica.

Panorama desde la última planta de la fábrica, hacia el este. Imagen de Ezequiel Ríos Jiménez

Panorama desde la última planta de la fábrica, hacia el este. Imagen de Ezequiel Ríos Jiménez

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Panorama desde la última planta de la fábrica, hacia el oeste; con la presencia del núcleo urbano de Peñaflor. Imagen de Ezequiel Ríos Jiménez

En 1908, la familia vende la fábrica a los Sres. López Quesada de Córdoba, y éstos, a su vez, la pusieron a disposición de un cuerpo de Intendencia del Ejército que le hizo algunas reformas. De esta manera, “la Fábrica que un primer momento era de molinos de piedra pasó a ser mixta: Molturación por piedra y por cilindro. Primero se trituraba por piedra y luego pasaba en la compresión y desagregación a hacerse por medio de cilindros 1”.

El devenir de la fábrica originaria termina con un incendio fortuito en la misma, que se produjo en 1924, y en el que acabó por destruirse completamente. En aquel entonces la fábrica era ya propiedad de los hermanos Sánchez-Pastor, quienes tras el incendio encargan la reconstrucción de la fábrica cuyas ruinas contemplamos en la actualidad frente a la estación de tren de Peñaflor.

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Imagen de la primitiva fábrica de harinas 1878-1924

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La primitiva fábrica de Peña y Nieto inaugurada en 1878, y su reconstrucción como Fábrica de Sánchez-Pastor, tras el incendio de 1924

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Imágenes actuales de los restos de la antigua fábrica de harinas, inaugurada en 1926. Imagen de Ezequiel Ríos Jiménez

Apoyada en la cimentación y en los pisos bajos de cantería del edificio desaparecido, la fábrica se reedifica en 1926 erigiéndose en un nuevo volumen central constituido funcionalmente por tres cuerpos, revelados en su morfología por la diferencia de alturas. Como veremos, dicha estructura formal y funcional nos permite entender ligeramente el modelo de producción harinera originado a finales del s. XIX, que vino a sustituir al molino tradicional; del que también queda testimonio en el entorno de la fábrica por la proximidad de una aceña del siglo XVIII 2.

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Vista aérea de la antigua fábrica y croquis de situación (Ezequiel Ríos Jiménez) de los elementos constitutivos de la fábrica reedificada en 1926

El elemento central de la nueva fábrica permitía el acceso a la misma, a través del primer cuerpo, el más cercano a la vía férrea. Éste, a su vez, albergaba las oficinas y algunos de los almacenes, que funcionaban en relación con los otros dos edificios exentos situados en sus flancos. En este primer cuerpo se asumía la fase de “limpia” de la producción harinera, que consistía en la limpieza del grano; y además, se ubicaba la sala de fabricación de sémolas, harinas y derivados. El segundo cuerpo, el central y de mayor altura, albergaba los mecanismos de transmisión y tuberías, los molinos con sistema de cilindros metálicos de patente austro-húngara (Daverio) y los cernidores para la clasificación de la harina, el salvado y la sémola, mediante máquinas planchister. En el tercer cuerpo, el más cercano al río, se alojaban la turbina, las lavadoras, las deschinadoras y las máquinas de triarvejones.

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Relación del elemento central de la fábrica con la aceña y el río. Imagen de Ezequiel Ríos Jiménez

Los dos elementos que flanquean la fábrica, preexistentes ya en el complejo primitivo, albergaban usos complementarios a la producción. Concretamente, el volumen de la derecha, en su planta baja, se constituía como almacén ocasional para el trigo y la zona dónde se repasaban los sacos maltrechos y descosidos. Y el elemento ubicado a la izquierda, según se mira desde la estación de tren, albergaba los telares, y en su parte alta, el almacén de grano del Servicio Nacional del Trigo. En cuarto elemento del conjunto se constituye el urdidor de telares, donde se disponían los hilos en orden, previamente a la elaboración de los tejidos en el telar. Como puede apreciarse de la descripción hecha, la fábrica de harinas incorporó además como propia la producción de tejidos, en tanto que dicha diversificación permitía optimizar el modelo de “fábrica de pisos” instaurado en la época.

Relación de la antigua fábrica con el municipio de Peñaflor a través de la red ferroviaria. Imagen de Ezequiel Ríos Jiménez

Relación de la antigua fábrica con el municipio de Peñaflor a través de la red ferroviaria. Imagen de Ezequiel Ríos Jiménez

El puente que une la fábrica con la aceña servía para poder permitir el acceso hasta la misma cuando el río estaba crecido, que era la mayoría de las veces en aquel enclave estratégico para la producción, donde el cauce solía estar siempre alto.

Panorama del entorno de la antigua fábrica de Peñaflor, desde el cauce del Guadalquivir. En primer término, la aceña. Imagen de Ezequiel Ríos Jiménez

Panorama del entorno de la antigua fábrica de Peñaflor, desde el cauce del Guadalquivir. En primer término, la aceña. Imagen de Ezequiel Ríos Jiménez

Las turbinas de la propia fábrica, en pleno rendimiento, fueron capaces de abastecer de energía eléctrica no solo al municipio de Peñaflor, sino además al de la Puebla de los Infantes.

En los años sesenta, del pasado siglo XX, el río cambia drásticamente su caudal, y con ello se reconfigura su cauce, dejando de pasar por la presa de la fábrica y desapareciendo así su producción ante la imposibilidad de afrontarla nuevamente mediante otras fuentes de energía. Con ello comienza el abandono y el deterioro de la pieza arquitectónica que hoy nos queda.

La fábrica puede leerse estructuralmente como un espacio avanzado para la segunda década del pasado siglo, por su diafanidad poco frecuente, conseguida por vigas de hormigón descolgadas y apoyadas en un único pilar central, en la mayoría de los casos; lo que se traduce además al exterior en el ritmo continuo y perseverante de sus grandes vanos. En palabras de González Martínez y de Santofimia Albiñana 3, “la fábrica, en estado de abandono, evidencia la racionalidad de su funcionamiento además en la aplicación de tecnologías constructivas avanzadas para la época”, como así se desprende de la consideración de emplear una estructura de hormigón armado sobre los tres cuerpos bajos de cantería de la antigua fábrica, y del uso de forjados de ladrillo para facilitar la apertura de huecos en los pisos, atendiendo las necesidades de un modelo de producción que demandaba la comunicación entre plantas de conductos para el grano y de correas de transmisión.

Huecos en forjados para permitir las transmisiones de la maquinaria. Imagen de Ezequiel Ríos Jiménez

Huecos en forjados para permitir las transmisiones de la maquinaria. Imagen de Ezequiel Ríos Jiménez

Sistema estructural de hormigón armado de la antigua fábrica. Imagen de Ezequiel Ríos Jiménez

Sistema estructural de hormigón armado de la antigua fábrica. Imagen de Ezequiel Ríos Jiménez

Estado actual de la estructura, que evidencia los materiales que la componen. Imagen de Ezequiel Ríos Jiménez

Estado actual de la estructura, que evidencia los materiales que la componen. Imagen de Ezequiel Ríos Jiménez

Además de todo ello, por la proximidad al núcleo urbano, por la escala de la pieza arquitectónica en relación a éste, y por su enclave, dentro de un entorno de riqueza paisajística y natural caracterizada por la presencia del agua, el potencial que encierran los espacios de la fábrica se nos muestra evidente. Los restos de la antigua harinera se erigen, por ahora insistentemente, reclamando un protagonismo que se niega a perder, aferrándose a su aptitud entre el hito urbano y el paisajístico; respaldado por el hecho de que haya quien la conoce por el sobrenombre de la “catedral de la Vega”.

El poder del agua … y de la luz

Como ejercicio académico de la ETSAS, dirigido por el arquitecto Javier Terrados, se plantea recuperar los restos de la fábrica mediante la implementación en ella del uso hotelero. La propuesta arquitectónica parte de la iniciativa de seguir aprovechando el poder del agua dentro del gran valor paisajístico y natural de la fábrica. Con el programa se pretende dar respuesta a un momento en el que la cultura hedonista de los baños públicos del s. XIX se está recuperando; algo que podría cuanto menos volver a convertir a la vieja fábrica en un nuevo motor económico para Peñaflor, otra vez movido por el agua del Guadalquivir.

Junto con el agua, la luz sirve como elemento configurador de los espacios interiores del hotel-balneario, por lo que su presencia se ha orientado a conseguir un ambiente agradable para el visitante. El principal recurso empleado para ello ha sido la penetración de la luz natural desde las nuevas cubiertas, ahora reconstruidas, hasta las plantas inferiores, mediante un juego de alternancia entre prismas de agua y prismas de aire; concretamente, mediante piscinas y doble alturas para las zonas comunes.

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Ambiente del espacio interior destinado a los baños, conseguido por la alternancia de los cubos de agua y de luz.

Ambiente del espacio interior destinado a los baños, conseguido por la alternancia de los cubos de agua y de luz.

El acceso al hotel está influenciado sobremanera por la inminente cercanía de la línea de ferrocarril. Por ello, se plantea mediante un paso subterráneo bajo la vía férrea, que permite además acceder al sótano destinado a aparcamiento.

El complejo desarrolla su programa de usos mediante la organización en torno a la plaza de acceso, a la que desemboca el pasaje subterráneo, desde la que se puede acceder a recepción y a las habitaciones, al pabellón exento para conferencias, a la zona de cafetería y al restaurante, o de manera directa con el balneario, a través del gran arco que conserva la fábrica. El arco viene a dividir en dos la plaza de acceso: una primera plaza con carácter público; y una segunda plaza, más privada, exclusiva de los usuarios del hotel y del balneario.

El aparcamiento permite además el acceso rodado para las mercancías con destino a la zona de servicio.

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La intervención requiere de nuevos materiales para reconstruir los elementos perdidos: las fachadas de los módulos laterales de la fábrica y la cubierta desaparecida por la incidencia del paso del tiempo. El acero corten parece apropiado para la reconstrucción de estas partes, no solo por el carácter de fabricación inherente al propio material sino porque además, el entorno natural en el que está enclavado el edificio tiene un suelo rico en hierro, que ante la presencia del agua del Guadalquivir, hace que las tierras del emplazamiento tengan un característico color de oxidación, en este caso, el mismo que el del acero corten.

Presencia del agua en el entorno como elemento configurador natural

Presencia del agua en el entorno como elemento configurador natural

Con la intención de alcanzar el enriquecimiento de los nuevos paños de fachadas y cubierta, se recurre al pixelado de una fotografía del entorno. El mapeado de pixeles se dispone de manera aleatoria sobre la fachada, provocando la situación de huecos de 5×5 cm. sobre el aplacado exterior de acero corten. Esto, al tiempo que permite la imposibilidad de vislumbrar desde el exterior las zonas de servicio, hace que éstas estén iluminadas constantemente con luz natural.

Secuencia de obtención del mapeado para el alzado de acero corten, mediante el pixelado de una fotografía significativa del entorno.

Secuencia de obtención del mapeado para el alzado de acero corten, mediante el pixelado de una fotografía significativa del entorno.

Este juego, posibilita el argumento de que la piel agujereada de acero corten es el resultado del efecto del agua y de la luz sobre la misma. Así, la luz, junto con el agua, también son los configuradores de la nueva piel del edificio, como lo son del resto del mismo.

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[1] Ruibérriz de Torres Sánchez, Mª Dolores; “La Fábrica”, en Revista de Peñaflor, Feria y Fiestas Populares 1988.

[2] Sobrino Simal, Julián; “Arquitectura de la Industria en Andalucía”, Instituto de Fomento de Andalucía. Sevilla, 1998.

[3] González Martínez, Plácido; Santofimia Albiñana, Marta; “Elefantes de vapor. El patrimonio de la modernidad y su dimensión territorial en el valle del Guadalquivir”, en Revista ph, núm. 72, noviembre de 2009; editada por el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico.

BIBLIOGRAFÍA

  • González Martínez, Plácido; Santofimia Albiñana, Marta; “Elefantes de vapor. El patrimonio de la modernidad y su dimensión territorial en el valle del Guadalquivir”, en Revista ph, núm. 72, noviembre de 2009; editada por el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico.
  • Ruibérriz de Torres Sánchez, Mª Dolores; “La Fábrica”, en Revista de Peñaflor, Feria y Fiestas Populares 1988.
  • Sobrino Simal, Julián; “Arquitectura de la industria en Andalucía”. Instituto de Fomento de Andalucía. Sevilla, 1998.

ENLACES DE INTERÉS

  • Rehabilitación de la antigua fábrica de harinas y tejidos de Yute. Residencia, centro de investigación y alojamientos temporales” en Peñaflor. Proyecto Fin de Carrera de Inmaculada R. Gayoso Rodríguez:

http://fama2.us.es/earq/pfc/aopfc1178/aopfc1178.zip

  • El nudo de Escher”, de Francisco Gutiérrez. Corto cinematográfico rodado en la antigua fábrica de harinas de Peñaflor:

https://www.youtube.com/watch?v=aeg0mLp9IB0

  • Video desde el aire sobrevolando la antigua fábrica de harinas de Peñaflor:

https://www.youtube.com/watch?v=gof-KoRIzXY

  • Video de la antigua fábrica de harinas desde el tren, a su paso por la estación de Peñaflor:

https://www.youtube.com/watch?v=X6uXR8sEZ0w

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4 Respuestas a “LA ANTIGUA FÁBRICA DE PEÑAFLOR. PROPUESTA DE UN HOTEL-BALNEARIO PARA SU REACTIVACIÓN

  1. Yo, nací en Peñaflor en el 49 y gente de mi familia trabajó en esa fabrica. Vivo en Asturias, pero si no se demora mucho la construcción de dicho Hotel Balneario, prometo que seré uno de los primeros en visitarlo y estrenarlo. Ademas que me vendré cargado de naranjas, porque son las mas ricas de España.

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  2. Sería fabuloso, de ahí surgirían otros negocios, otros locales, otros proyectos. Mayor prosperidad y crecimiento.
    Actualmente es el “monumento a la desidia”; una vergüenza.

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